«Cannaval»…. ¡Para enamorarme de ti!

«Al ruido del tamboril, carnaval, carnavalera, me dijo que era feliz. Por eso con su canción, carnaval, carnavalera, se agranda mi corazón». Homero Manzi.

Esta mañana, las calles de nuestra Isleta, me resultaban más tranquilas o silenciosas de lo habitual. Como cada día, dirigía mis pasos a un paraíso particular, ese en el que sé que me esperan, quietas y pacientes, mis flores y plantas, ofreciéndome su aroma y belleza repleta de vivos colores.

Al llegar a mi destino me detuve ante el escaparate que, pocos días antes, albergaba todo un espectáculo de colores y sordos sonidos de circo. Sí, la domadora de perros ya no estaba… Por eso tal vez sentía las calles más silenciosas. Después de los festivos días del carnaval, parece que la ciudad entra en proceso de letargo…. pero sólo lo parece, pues en pocos minutos todo parece despertar de nuevo: el ir y venir de los transeúntes, los más madrugadores repartiendo los pedidos, los chiquillos y chiquillas dirigiéndoses a sus escuelas, las terrazas dispuestas para quienes gustan de disfrutar del café con tostadas junto a la brisa del Atlántico… No, definitivamente, nuestra ciudad no duerme, sólo descansa…

Todas esas sensaciones tal vez lleguen por la nostalgia de que algo terminó. Un proceso de tres meses de trabajo realizado con mimo, poniendo todo el cariño en la labor a realizar… Sí, tres meses fue lo que tardó en ver la luz nuestro circo con su domadora de perros.
Quién me iba a decir, cuando tuve esa Nacy en mis manos, lisiada y desvalida, que iba a formar parte del «gran espectáculo del mundo», del mundo de Flor Moderna, y que acabaría luciendo unos preciosos labios pintados al estilo boca chica, que resaltaban más, si cabe, la fuerza de una gran circense vestida con miriñaque y moño alto.

Poco a poco, con materiales reciclados, mucho empeño y una gran ayuda, el escaparate se iba transformando en una original carpa de circo, donde una domadora de los años ’20 consigue que unos perros hagan piruetas, equilibrios con pelotas e, incluso, imposibles saltos sobre el trapecio.

Todo un espectáculo para enamorar… Tanto, que por tercer año consecutivo, consiguió enamorar al jurado del concurso de escaparates, llevándose nuestra domadora el primer premio. ¡Y no era fácil! Realmente, había muchos escaparates que enamoraban…

Ahora, al ver las blancas orquídeas que adornan el escaparate de Flor Moderna, un leve aire de nostalgia intenta apoderarse de mí al recordar el mágico mundo que pocos días antes llenaba de fiesta y color mi pequeño paraíso.

Pero es leve, muy leve ese sentimiento, pues la pureza de las flores que ahora lo adornan me traen nuevas ilusiones, ya que se aproxima la primavera, llena de blancos vestidos a los que estas mismas orquídeas acompañarán en las manos y solapas de quienes portan, también, nuevas ilusiones.
Sí… definitivamente, no puedo dejar de sonreír… Tanto con el nuevo escaparate como con el que ya se fue. Sobre todo al recordar a todas las personas que estuvieron ahí echándome una mano y que sin ellas este primer premio no se habría hecho realidad; Caty Naranjo, Orlando Curbelo, Víctor Rosado, Teri Naranjo, Rubén Faubricio, Gil Valdés y Mario Cabrera. Todos/as ellos/as pusieron su granito de arena, que para mí fue una montaña entera! Y, por supuesto, no puedo olvidarme de todas esas personas que cruzan esta puerta con marco azul dejando a su paso una sonrisa que empuja a seguir cumpliendo sueños, carnaval tras carnaval….

Néstor Ojeda, Flor Moderna. Marzo 2016.

Agradecimientos
Desde Flor Moderna queremos agradecer, aparte de las personas antes mencionadas, a todos/as los que habéis hecho posible este primer premio por tercera vez consecutiva:
  • A la organización del Concurso de Escaparates 2016, así como al jurado por su fallo.
  • Al diario La Provincia, que se hizo eco de la noticia, publicando un bonito reportaje de nuestro escaparate: Notica 1Noticia 2
  • Al resto de establecimientos participantes, que lo pusieron muy difícil esta vez…
  • Y no pueden faltar todas esas personas que colaboraron con sus sugerencias, ideas e, incluso, materiales reciclables, como un trabajador del servicio de limpezas, Enrique, que, gracias a él, nuestro escaparate lucía una bonita bicicleta dorada.